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Las Ideas Liberales en Colombia*

La obra de Gerardo Molina, Las Ideas Liberales en Colombia completa su tercer y último tomo con el estudio del período de 1935 a la iniciación del Frente Nacional. Siete capítulos son dedicados al análisis de la obra y al pensamiento de López Pumarejo, de hecho la parte más sustancial de este último tomo. Cuatro a Gaitán y al análisis del 9 de Abril. Tres al análisis de la violencia. Uno a Darío Echandía y Carlos Lozano. Uno a la evolución conservadora, uno a Eduardo Santos, uno a la Guerra Mundial y al liberalismo, uno al Frente Nacional y uno final a expresar conclusiones.

La obra se caracteriza por su seriedad documental y por el particular esfuerzo de discutir el transcurrir de las ideas en el marco de las realidades económicas y sociales. En este aspecto este tercer volumen que comentamos es superior a los otros dos, y lo hace más que una historia de las ideas, una historia política de los últimos cuarenta años. El método es ecléctico. El autor combina la observación de los hechos y datos confrontándolos con los principios y programas en el contexto general del desenvolvimiento histórico social, no exento de valoraciones puramente subjetivas y adjudicándole a los prohombres del liberalismo una valoración que se queda en los aspectos exteriores y formales.

El análisis de la reforma constitucional del 36 es en verdad enjundioso y preciso. Incluso avanza la tesis, para nosotros solo relativamente cierta, de que se trata de una Constitución Nueva (p. 55). La sustancia de la reforma del 36 es la de consagrar el intervencionismo estatal a la economía privada, pero también para la gestión social necesaria a la reproducción de la fuerza de trabajo y la garantía de proveer los servicios necesarios para el futuro del sistema. Todo el alcance de la obra de López se basa en el propósito de modernizar el estado para ponerlo al servicio del desarrollo del capitalismo en ascenso, comentando la innovación:

La propiedad es una función social que implica obligaciones. Esta declaración es la que ha hecho que la reforma cargue con la ‘inmerecida fama de socialista’.

En la valoración de Molina hay un optimismo que no dejamos de calificar de ilusorio sobre los alcances del intervencionismo estatal en una sociedad capitalista, aunque él mismo, se ha encargado de escribir:

...pero la experiencia de los 40 años transcurridos demuestra que los hombres de 1936 fueron pródigos en enunciados y que los hechos han sido avaros. [2]

El enjuiciamiento del profesor Gerardo Molina a la tarea del liberalismo en materia agraria es de denuncia:

Para nosotros no cabe duda de que la falla menos grave del liberalismo colombiano ha residido en la incapacidad de hacer la reforma agraria, concebida como la modificación sustancial del régimen de tenencia de la tierra, con la redistribución consiguiente del poder político, económico y social. No la hizo en la hora y mucho menos lo hará en los tiempos que corren, cuando son mayores las resistencias y más débil el ímpetu renovador de ese partido. [3]

En el capítulo, Elementos para un juicio sobre López Pumarejo volverá a insistir en esta línea. La tesis que ha sustentado Molina en sus tres tomos, consiste en afirmar que en el liberalismo colombiano se han manifestado dos tendencias: la popular y la burguesa. Como conclusión agrega que el liberalismo se hace cada vez más burgués al mismo tiempo que comparte...

abultadas legiones populares. [4]

De esta realidad se concluiría  que al interior de este partido se exacerban las contradicciones internas. Molina no subraya el hecho de que el liberalismo, además de ser un partido burgués es principalmente un aparato electoral y un sustento de gobierno. No posee estructuras de participación popular que permitan expresar las contradicciones a que se alude. De allí que el papel del liberalismo sea frustrar las aspiraciones populares que demagógicamente logra suscitar de vez en vez. Pero, no sólo frustrar sino  reprimir. Gerardo Molina, además de afirmar que el liberalismo es un partido burgués agrega:

A donde va el liberalismo?. Se ubicará inmediatamente en posiciones de derecha? No lo creemos. Es más realista pensar que se seguirá comportando como  lo que es hoy, un partido reformista y de centro. [5]

Aquí hay que llamar la atención sobre lo siguiente: Falta un capítulo sobre el comportamiento del liberalismo en el gobierno de Rojas Pinilla. Curiosamente Molina desarrolla con encomiable rigor el estudio en tres capítulos del denominado fenómeno de la violencia, pero olvida, elude desarrollar el capítulo al que nos hemos referido. Salta a discutir los orígenes del Frente Nacional desde una perspectiva general y sintética. El comportamiento del liberalismo durante los distintos gobiernos del Frente Nacional está entonces por hacer.

Dijimos inicialmente que Molina le adjudica a los prohombres del liberalismo una valoración que se queda en los aspectos exteriores y formales. Así, de Darío Echandía ha dicho entre otros elogios lo siguiente:

noble figura... La pureza de pensamiento de Echandía y sus nobles esfuerzos... ...Echandía el justo. [6]

A Eduardo Santos lo caracteriza así:

Fino, espiritual, cultísimo, don Eduardo Santos mereció ampliamente la vasta audiencia que llegó a tener en el país. [7]

Hace una valoración de Santos como hombre del sistema que lo defendía introduciendo los valores de la civilización. Por su rol de conductor político, de gobernante o de doctrinario, Santos era un hombre que tipificaba mejor que nadie el centro liberal.

El eclecticismo de Molina le permite realizar dos cosas útiles: lo primero, defender de todas las calumnias de los hombres del sistema la participación del movimiento obrero y popular del 9 de Abril y la ya mencionada defensa de la insurgencia guerrillera frente a la ofensiva reaccionaria en los campos colombianos. Este libro de Molina ha sido saludado calurosamente por El Tiempo, El Espectador, Belisario Betancourt, Augusto Espinosa Valderrama y vendrán más comentarios elogiosos. Nosotros hemos preferido el comentario crítico de una obra que no dudamos de recomendar por su utilidad para el interesado en nuestra reciente historia política.

Sobre las Ideas Socialistas*

La publicación de Las Ideas Socialistas en Colombia del profesor Gerardo Molina, constituye un acontecimiento intelectual de primer orden. Reafirma la importancia del estudio de las ideas políticas, en una sociedad en que tal actividad está dominada por el pragmatismo de intereses particulares, y da importancia al socialismo frente a la hegemonía de las corrientes seculares del bipartidisrno liberal-conservador y a la que representa el partido comunista, mostrando (contrario a lo comúnmente sostenido) la existencia de una tradición de luchas e ideas de estirpe socialista. Con esta investigación, se rompe el dogma de la inexistencia de las ideas socialistas en la historia colombiana. Los párrafos iniciales de la presentación del citado libro, llaman la atención sobre lo señalado:

Los cinco años que dedicamos a esta investigación estarían justificados si el lector sacara la conclusión de que las ideas socialistas forman parte del acervo histórico de la nación. El empeño de la sabiduría convencional en sostener que ese ideario es de importancia reciente y producto de agitadores extranjeros, ha dado lugar a una reacción dañina, en nombre de las tradiciones que se consideran modos de ser de nuestra comunidad.

Constituye un esfuerzo investigativo, el sistematizar y presentar en un discurso historiográfico una actividad ideológica, que como la socialista, se ha dado en Colombia en forma dispersa, con largos períodos de marginalidad, cuyas fuentes de conocimiento son de difícil consecución o incluso inexistentes. Es el esfuerzo más importante emprendido por historiar, en un cuadro de largo alcance, las ideas socialistas. Debido a que estas ideas han estado permanentemente excluidas de estudio y divulgación, este libro será una sorpresa para el ciudadano corriente y para más de un estudioso de nuestro devenir nacional.

Esta obra, es la continuidad de la actitud que el autor se ha propuesto: el estudio de las ideas políticas, desde la publicación de su primer libro Proceso y Destino de la Libertad, de los tres tomos de Las Ideas Liberales en Colombia y del Breviario de Ideas Políticas. También es el resultado de su labor de años como profesor universitario, agitador de ideas, parlamentario y propiciador de la iniciativa de organizar entre nosotros un partido socialista.

Uno de los resultado de la actividad de Gerardo Molina -como conocedor de nuestra cultura política-, es la demostración de la existencia de una pluralidad de corrientes ideológicas en el país real, frente al monopolio ideológico del clericalismo y capitalismo del país formal y oficial. Otro resultado de esta labor investigativa, es el trazado de un cuadro que abarca el grueso tronco de las ideas liberales, las corrientes del socialismo, los importantes pasajes de las luchas populares y la presentación parcial de las tesis del conservatismo. Al utilizar un contrapunto, aplicando la dialéctica, el autor ilustra con honestidad intelectual y objetividad, las posiciones de la derecha tanto en el conservatismo como en el liberalismo, sometiéndolas al balance critico para refutarlas. Se encuentran en este  libro, tres capítulos dedicados a desarrollar esta perspectiva.

Esta obra tiene una estructura de capítulos que se puede dividir en cuatro partes: la primera, dedicada a lo que denominamos las ideas precursoras o los antecedentes, y que abarca los legados económicos y sociales de España, las prácticas igualitarias de la guerra de independencia y las transformaciones de los años cincuenta en el siglo XIX. Una segunda parte, que va desde la aparición del socialismo con las Sociedades Democráticas de los artesanos, intelectuales y militares bolivarianos, hasta el análisis del socialismo durante ‘la revolución en marcha’, una tercera parte el periodo de la violencia y la guerrilla. Y una cuarta parte, dedicada a los teóricos socialistas contemporáneos y a la presentación de una síntesis del socialismo profesado por el autor, además de aclaración de equívocos y falsas imputaciones sobre esta doctrina.

En el período que llamamos precursor, Molina destaca lo que denomina la rebelión de los vencidos, la los indígenas y los negros, señalando que:

Fue en el siglo  XVIII cuando esas rebeliones adquirieron perfiles de lucha revolucionaria, [8]

y que:

La rebelión de los elementos nativos y de los de origen africano, contra  ese orden de cosas, fue una contribución de primera importancia a la causa del socialismo. [9]

Realza por supuesto la revolución de los Comuneros. Anota en el balance sobre la Colonia, la dependencia y el hecho de que surgen grandes desigualdades. Rechaza la leyenda negra contra España, al igual que la leyenda rosa, que pondera como positiva la dominación de este imperio, siguiendo en esta interpretación crítica al ensayista cubano Roberto Fernández Retamar.

En el destacado capítulo de nuestras luchas sociales y políticas -como es el de la guerra de independencia-, afirma en sus análisis dos tesis:

La de la igualdad y la de la fe en el pueblo como agente de la historia. [10]

Era claro está, una igualdad relativa, ya que lo que se propiciaba era el derecho de propiedad privada como base de la ciudadanía. Están en el libro, las crónicas del 20 de julio, del 11 de noviembre y las del papel de las masas en la guerra de independencia. Siguiendo a Indalecio Liévano Aguirre, quien sostiene que al lado de los partidarios de don Camilo Torres y a los que conforman el partido popular, dirigido por Antonio Nariño, José María Carbonell y los hermanos Gutiérrez de Piñeres, afirma que ellos implantaron la genuina independencia. Asunto de gran importancia para evaluar, lo constituye el significado del pensamiento de Simón Bolívar y de su acción como Libertador y Fundador de Repúblicas. Gerardo Molina señala el periplo: la derrota inicial y su huida a Jamaica, la propuesta de Confederación en la carta famosa de 1815:

Nada más actual en este final del siglo XX que esa iniciativa del visionario. [11]

La decisión de Bolívar de darle contenido social a la guerra de independencia, declarando en Carúpano, Venezuela en 1816:

Debemos triunfar por el camino de la revolución y no por otro.

Su decreto del 6 de julio en la misma localidad, en el cual declara la libertad de los esclavos, el encuentro con Paez en los llanos, en donde se reitera la libertad de los esclavos y se consagra la abolición de la servidumbre y del sistema de castas; el decreto del 10 de octubre, sobre el reparto entre los miembros del ejército de las propiedades confiscadas a los españoles; se cita con conveniencia la proclama del 17 de octubre de 1817:

Soldados, Vosotros sabéis: la igualdad, la libertad y la independencia son nuestra divisa. ¿La humanidad no ha recobrado sus derechos por nuestra leyes? ¿Nuestras armas no han roto las cadenas de los esclavos? ¿La odiosa diferencia de clases y de colores no ha sido abolida para siempre? ¿Los bienes nacionales no se han mandado repartir entre vosotros? ¿No sois iguales, libres, independientes, felices y honrados?

La trama de los acontecimientos muestra la inevitable diferenciación social de los criollos, núcleos de la burguesa comercial, terratenientes y letrados que se oponen a los designios del Libertador, y así lo señala el autor refiriéndose a las labores del Congreso Constituyente de Angostura en 1819 y de Cúcuta en 1821.

Gerardo Molina utiliza en sus escritos un método de sano eclecticismo, lo que le permite eludir el dogmatismo y las simplificaciones, que lo convierte a veces en un heterodoxo frente a las propias tesis más en boga en la izquierda socialista. El capítulo IV, dedicado a la segunda parte de las guerras de independencia, suscita en nosotros una crítica: Gerardo Molina no califica a Bolívar como un demócrata, y adopta, en cambio, la calificación del historiador venezolano Gil Fortoul, es decir, la de verlo como un aristócrata intelectual que amaba sinceramente al pueblo, pero que lo amaba al estilo de Pericles, desde arriba, para gobernarlo a modo de rey sin corona (pag.78). Bolívar era un personaje de luces y sombras. Y hasta tuvo, como dice el autor, su lado sombrío, oscuro. Pero se destacan sus luces en materia de buscar la independencia y lograrla, proclamar la igualdad, adoptar medidas en su dirección y sembrar la libertad con sus rasgos dominantes. La propia búsqueda de un ejecutivo fuerte que mandara, y que lo llevó a la dictadura y a la Constitución Bolivariana con presidente vitalicio y senado hereditario -sus peores propuestas-, estaban inspiradas en el logro de la unidad nacional frente a la hegemonía de los poderes locales ejercidos por las oligarquías y el patriciado territorial, fuente de la desmembración de la Gran Colombia. El centro de la crítica a Bolívar de Gerardo Molina, lo constituye lo que él llama la creación del mito del ejército. De esta forma, se había establecido una rivalidad entre el elemento castrense y el intelectual, y el ejército apoyado por Bolívar, se había constituido en una casta. Pondera a Santander al afirmar la supremacía del poder civil. El ejército tenía conciencia de la independencia, pero no de la libertad, siendo independencia y libertad un binomio indivisible. Entre las conclusiones del autor, se encuentra esta:

Bolívar no formó un equipo que siguiera laborando por la realización de los postulados en los mejores años. [12]

Prosigue con el escrutinio del accionar Bolivariano, reafirmando su más importante propósito social:

Bolívar creía que lo procedente era modificar el equilibrio de las clases, a base de quitarle poder al patriarcado.

En Perú procede a la abolición del cacicazgo, y en el Cuzco, en 1824, dispuso:

Los jornales de los trabajadores de minas, obrajes y haciendas deberán satisfacer según el precio que contrataron en dinero constante, sin obligarse a recibir especie contra su voluntad y a precio que no sean los corrientes de la plaza. Se prohibe a los Prefectos, Intendentes, Gobernadores y Jueces, a los prelados, curas y subtenientes, hacendados, dueños de minas y de obraje que puedan emplear a los indígenas en faenas como mitas, pongeajes y otra clase de servicios domésticos y usuales. Nadie puede exigir un servicio personal sin que preceda un libre contrato del precio de su trabajo.

Se trataba de inaugurar la independencia, al mismo tiempo que se impulsaban nuevas relaciones entre las clases sociales. Subraya la vocación agrícola de Bolívar y su preocupación por asuntos vitales en la economía, tales como el desarrollo de la marina mercante, la calificación técnica para la minería, el proteccionismo a favor de las manufacturas de Quito (1829) y su preocupación por la deuda externa. No obstante, el autor enfatiza:

Pero donde reside a nuestro entender el mayor aporte de Bolívar al desarrollo independiente de esta república, fue en su afán obsesivo de lograr la integración latinoamericana. [13]

Y procede a explicar tan importante propósito.

Los comienzos del socialismo entre nosotros, son presentados en un contexto combinado de análisis económico, social y político. En una afortunada síntesis, se muestra el balance de lo que fueron las medidas librecambistas y republicanas de medio siglo (a partir de 1849). La significación de las Sociedades Democráticas como opositoras al libre cambio, como entidades de ayuda mutua, como centros de agitación y propaganda,

se convirtieron en un desafío al sistema social prevaleciente... Era la confrontación entre ricos y pobres. [14]

Fueron además los centros en que se divulgó el socialismo. El análisis del socialismo utópico y sus relaciones con el liberalismo, el balance del Neogranadino y el pensamiento de Manuel Murillo Toro de quien es la fórmula: el liberalismo tendría una ala socialista; la génesis de la idea comunista con el ‘Alacrán Posada’ y de los llamados curas socialistas, en especial de José Pascual Afanador, constituyen páginas esclarecedoras en la explicación de cómo y con qué forma surgió el socialismo en Colombia. Gerardo Molina, ubica en la línea moderna de renovación histórica el golpe de Melo, tan desacreditado y tergiversado en los anales de la crónica oficial, los cuales lo reducen a un golpe palaciego producto de la ambición.

El autor lo dice sencillamente:

Había conciencia de que se trataba de una revolución social, pues, por primera vez, el pueblo llegaba al poder.

Nada menos!.

El socialismo decimonónico colombiano como pensamiento político, no presentó elaboraciones más o menos sistemáticas y que le dieran un perfil independiente. Escritores como Murillo Toro, y luego Rafael Uribe Uribe, eran liberales de izquierda o de lo que podemos llamar con propiedad, la tendencia del ‘liberalismo socialista’. También tuvo su expresión destacada en escritores de estirpe católica como Manuel María Madiedo, autor ponderado en los análisis de Antonio García y Jaime Jaramillo, y a quien Gerardo Molina somete a un proceso de revisión critica, sobre, todo al libro La Ciencia Social o el Socialismo Católico. Los juicios de Molina son duros:

La idea que tenía Madiedo de la propiedad no daba para una aproximación seria al socialismo (...) el católico de Madiedo tiene más de catolicismo que de socialismo. [15]

El único punto favorable es la critica de éste a la propiedad territorial.

En cambio, aparece relievado en el aparte sobre el socialismo de Estado, la figura del general Uribe Uribe. La línea de análisis de la diferencias entre dos enfoques sobre la economía y el Estado -la de Murillo Toro y Miguel Samper-, permitirá decantar el llamado socialismo de Estado; luego Uribe Uribe hace explícito en su célebre conferencia del Teatro Municipal en octubre de 1904, el nombre de socialismo de Estado. Molina destaca que:

Lo que Uribe proponía era, en el fondo, lo que hoy llamamos con más precisión el intervencionismo... [16]

Era el propósito del progreso burgués, que según Uribe, sólo podía hacerse a través del Estado, buscando la participación popular, introduciendo reformas y propiciando la integración nacional. Molina anota con razón, la falta de visión y de coraje de Uribe Uribe para enfrentar a la clase terrateniente.

La dependencia, la estructura del atraso y la pobreza, combinados con la hegemonía excluyente y dogmática de la Regeneración y el Concordato de 1887, bloquearon el desarrollo de un pensamiento critico e independiente y también del socialismo. El país permaneció al margen de las grandes corrientes del pensamiento y de la ciencia, que sólo tenían presencia de manera completamente insular entre nosotros. La Guerra de los Mil Días resume el siglo XIX y sirve de prólogo al siglo XX. Lo que vino luego fue la tragedia de Panamá; era la presencia imperial de los Estados Unidos y marcó el desarrollo de una conciencia nacionalista en el movimiento obrero y popular.

A tono con las modernas investigaciones de historia social, Gerardo Molina presenta una acertada síntesis del socialismo reformista, con sus partidos obreros de 1904, de 1916 -cuyo principal animador fue Alberto Navarro-, y en especial el partido socialista de 1919 de base obrero-artesanal, del cual afirma:

En verdad, por el momento en que vivía la clase trabajadora, el programa era reformista, aunque le hubiera hecho el saludo de rigor al credo socialista y afirmar que sus seguidores estaban por la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción (p. 220) (...) El desenlace tuvo cierta lógica: el Partido Socialista no alcanzó a poseer una concepción revolucionaria de los cambios que requería la sociedad colombiana, pues al lado de un conglomerado obrero que no logró situarse en los planos del verdadero socialismo, militaba un aguerrido sector artesanal, individualista de por sí, cuyos lazos con el liberalismo nunca se rompieron. (p. 227).

El socialismo en los años veinte alcanzo la mayoría de edad. La influencia de la revolución de octubre y la circulación de una escasa literatura marxista, al compás del surgimiento de importantes núcleos proletarios, lo permitían. Era la época de Luis Tejada y de las Ideas Socialistas de Jorge Eliécer Gaitán. Pero especialmente de la Confederación Obrera Nacional, la CON, y el Partido Socialista Revolucionario, el P.S.R. de Ignacio Torres Giraldo, María Cano, Raúl Eduardo Mahecha y Tomás Uribe Márquez, entre otros. El texto que comentamos, es acertado en la evaluación del carácter revolucionario e internacionalista que cumplió el P.S.R. como partido de acción y divulgación del socialismo, en uno de los momentos estelares de la clase obrera colombiana. Como lo es también en el análisis de la realidad colombiana con la formación del Grupo Marxista de 1933, del cual formarían parte notables investigadores y analistas como Luis Eduardo Nieto Arteta y el propio Gerardo Molina.

Una de las tesis más controvertidas de este libro, la constituye la supuesta influencia del socialismo en la reforma constitucional de 1936 y en la llamada revolución en marcha. La presencia del interés social, del Derecho Social, muestran para Gerardo Molina el que :

‘Las reformas de 1936 están penetradas de ese espíritu’, el socialista. ‘El concepto de ‘interés social’  cuyo origen socialista es protuberante.’ [17]

En el análisis presentado, el entusiasmo por la reforma es claro, el cual es a nuestro juicio contrario al ya realizado por el mismo autor sobre este tema, en su libro Las Ideas Liberales en Colombia Tomo II, en donde nos parece más equilibrado en la explicación de los alcances de la transformación constitucional, como adecuado a los tiempos modernos del capitalismo y al Estado intervencionista.

Después de la república liberal, vinieron los gobiernos conservadores, el 9 de abril y la violencia. Molina presenta una reseña sobre la violencia en donde incluye las modernas guerrillas insurreccionales. No obstante, nos parece que falta un inventario de la izquierda colombiana desde 1960 y de la literatura marxista sobre la realidad nacional en el mismo período; son dos ausencias notables en esta obra.

El libro termina con una presentación de los teóricos socialistas: Antonio García, Camilo Torres Restrepo y Orlando Fals Borda, y del movimiento Firmes. Además de las ideas políticas socialistas a las cuales adhiere el autor, en la juventud intelectual de sus 80 años, Gerardo Molina enriquece el escenario de la cultura política colombiana.

Las Memorias del Ex-Preso Rojo*

I.

Diego Montaña Cuéllar es una personalidad que vivió intensamente el siglo XX colombiano como revolucionario y humanista soñador. Intelectual y político. Con sentido internacionalista y amor profundo por sus compatriotas, en especial las gentes del proletariado, el pueblo y los artistas.

Combinó atributos y virtudes de ilustrado, de severas lecturas literarias, históricas, económicas y políticas.  Se deleitaba inmerso en el universo de los libros, y hablaba con propiedad y sabiduría de sus temas y formas. De memoria citaba fragmentos del Quijote y textos de Shakespeare. También de la poesía colombiana, especialmente de su amigo y camarada entrañable León de Greiff.

Era un revolucionario de acción.  Desde sus luchas estudiantiles en el Instituto de La Salle y la Facultad Nacional de Derecho, pasando por su agitada actividad como Concejal y Alcalde de Bogotá, Representante a la Cámara, Diplomático en Chile, Miembro de la Dirección Nacional Liberal hasta su paciente, audaz y valiente tarea de organizador y educador proletario, de huelgas, manifestaciones, convenciones colectivas, donde las batallas por la nacionalización del petróleo constituyen un capítulo sustancial en las luchas populares de la Colombia del siglo XX.

Fue militante del partido comunista.  Participó activamente del Frente Unido con Camilo Torres.  Militó en Firmes, fue columnista de la Revista Alternativa, y Presidente de la Unión Patriótica en un momento dramático de la existencia de esta agrupación ante el asesinato de sus líderes Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, José Antequera, Leonardo Posada y centenares de sus afiliados.  Aceptó la presidencia como testimonio a los mártires y como un acto de fe y devoción a la paz de Colombia.  Lo hizo con los mismos bríos y valor civil con que en los años treintas había iniciado su lucha social y política. Luego se incorporó a la Alianza Democrática M-19. Lo de Diego Montaña, su periplo vital, es una lección de dignidad, una alta expresión de ética de servicio, de desinterés personal por lo mundano y de interés sublime por lo trascendental de la lucha por el socialismo.

Un aspecto de la personalidad de Diego Montaña que quiero resaltar es su desempeño como profesor universitario en la Universidad Nacional y en la Universidad Libre.  En la Facultad Nacional de Derecho desempeñó las Cátedras  de Sociología Colombiana y Americana, de Filosofía del Derecho durante la rectoría de Gerardo Molina cuando se creó la Revista de la Universidad y se dio comienzo a las ediciones.  Entonces se publicaron sus libros Introducción al Derecho y Sociología Americana donde se recoge su trabajo de cátedra.  Su vinculación con la labor docente en la Nacional terminó con la toma de la institución por parte de la reacción, después del 9 de abril de 1948.

En la Universidad Libre se desempeñó en la Cátedra de Minas y Petróleos, donde sometió a escrutinio y crítica los meandros y laberintos, las trampas y sofismas de la entreguista legislación petrolera. También en Sociología y Filosofía. Sus conferencias corren mimeografiadas y se tomaron apuntes por parte de fervorosos estudiantes. Diego Montaña fue siempre invitado como conferencista a distintas universidades donde sus dotes de expositor y analista alcanzaran brillo significativo.

Publicó numerosos artículos y ensayos en periódicos y revistas, en folletos y hojas volantes sobre distintos aspectos de la vida nacional, de la violencia y la paz, la vía capitalista dependiente, la cuestión petrolera, el bipartidismo, el movimiento obrero y popular, la crisis política, problemas históricos básicos. 

Entre estas publicaciones se encuentran: Los Temas Fundamentales de la Filosofía del Derecho (sin fecha), Por los Caminos de la Paz. De Pekín a Viena (1953), La Colonización Imperialista de la Cultura Colombiana (1961), Cincuenta Años de la USO (1974) y La Industria del Petróleo en Colombia (1975).

Dos libros suyos circularon ampliamente en los años setentas: Colombia País Formal, País Real y Patriotismo Burgués y Nacionalismo Proletario.  Un texto a manera de folleto circuló en varias ediciones y despertó duras críticas y polémicas por parte de la dirección del partido comunista.  Me refiero a Los Problemas Estratégicos y Tácticos de la Revolución en Colombia, que es la traducción a Colombia de las orientaciones de las Conferencias de La Habana de la Tricontinental y la Olas.

Este revolucionario ilustrado, era un intelectual entusiasta.  Volcó sus energías a la acción política y social buscando siempre realizar el postulado de elevar la conciencia, formar en política y en el marxismo al proletariado y a los revolucionarios.

Diego Montaña Cuéllar dejó escritas estas Memorias y un largo trabajo sobre:  El Proceso de Formación de las Clases Sociales en Colombia.

II.

Las Memorias constituyen la realización escrita de los principales recuerdos del autor sobre su vida, su entorno más inmediato, la época, sus personajes más significativos, las ideas en los respectivos contextos regionales, nacionales e internacionales.

Es un género literario distinto a la autobiografía, aún cuando esta última requiere de un gran esfuerzo del recuerdo, de la memoria personal.  La autobiografía es el género de la biografía realizado por el propio autor, quien escribe sobre sí mismo, con todo el rigor, las exigencias, los métodos, la documentación necesaria a la biografía, a la narración y discurso histórico.

Las Memorias son más subjetivas, personales, vienen a ser un género dominantemente literario.  Así se trate de Memorias políticas donde la literatura política es el lenguaje, la narración, el sentido gramatical.

Es un género, el de las Memorias, más cercano a la crónica, al ensayo, al relato literario.  Suele ser una síntesis de todo esto.  Un escenario de sincretismo creativo, sin ninguna pretensión de imparcialidad.

Este carácter libre de las Memorias, no las exonera de ciertas exigencias de objetividad y veracidad sobre hechos y circunstancias, así la valoración e interpretación de esos mismos hechos y circunstancias sea terreno contencioso, obedezca a las miradas culturales, a los prejuicios, al lugar y papel de quien realiza el escrutinio y escribe.  No es una disputa sobre la “verdad” histórica, sino sobre la coherencia y la contextualización, lo que le da sentido al discurrir y a la estructura de las historias:  económicas, sociales, culturales, las ideas, la vida cotidiana, la política y tantas otras esferas. Las Memorias vienen a ser entonces, un género cercano a la historia y al mismo tiempo a la literatura.  En este carácter híbrido radica su encanto, su especial virtud.

La valoración de las Memorias, suele tener no sólo como referente las calidades narrativas, el tipo de evocación y de recuerdo, el ciclo corto o largo sobre el que se mira y reflexiona, sino también, quién lo hace.  Qué tipo de protagonista es el que decide, en un acto de valor, decisión generosa, en todo caso de narcisismo, ofrecer una evocación de su vida y su época.

III.

 Recuerdo que el autor de estas Memorias quería denominarlas como Memorias del Ex-preso rojo, evocando el nombre que se le puso a raíz de sus continuas entradas a la cárcel acusado de propiciar la subversión.

La importancia de este libro es múltiple.  De un lado está bellamente escrito, sencillo y noble en el manejo del idioma, constituye una notable creación literaria, una visión política sobre un buen trecho del siglo XX en que fue actor de primer orden.

El cuadro de su familia alcanza delicadeza y hondura sicológica admirable.  El ambiente de la época, la estirpe política radical, el sentido del estudio y ejercicio de las profesiones, la interpelación social van siendo establecidas para descifrar el carácter de clase en que se dio su formación inicial.

Luego su juventud y los hitos que le dieron su aprendizaje y toma de posición en la rebelión y las ideas de izquierda: el debate en el Senado de la República sobre la Pena de Muerte entre Antonio José Restrepo y Guillermo Valencia, que resultó en un enfrentamiento a propósito de la crisis y la historia nacional.  Al contrario de otras evaluaciones sobre este episodio, para Diego Montaña este debate fue mortal para la hegemonía conservadora y se constituyó la intervención del Senador Restrepo, en una Cátedra Libre donde los jóvenes pudieron develar la historia de oscurantismo de la Regeneración y la República Conservadora. La estampa humana de Antonio José Restrepo dibujada en este escrito es emocionante por la devoción y gratitud con que está escrita.

También está la influencia del movimiento por la reforma universitaria que se vive en todo el continente.  Al mismo tiempo que la del indigenismo y el estudio de la cuestión indígena son asuntos centrales en su formación.  Se destaca la importancia de José Carlos Mariátegui y su libro modular Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. La lectura del libro de Jean Jaurés Estudios Socialistas.  La presencia de las ideas socialistas y del Partido Socialista Revolucionario, el ambiente de vida intelectual y literaria de entonces, completan sus inicios.

Uno de los aspectos más destacados de estas Memorias son los perfiles que el autor realiza sobre algunas de las figuras más notables de la política colombiana en el siglo XX.  Además de la nombrada de Antonio José Restrepo, las de Enrique Olaya Herrera, Alfonso López Pumarejo, Laureano Gómez, Eduardo Santos, Alberto Lleras Camargo.

Son realizaciones de sicología social en que la personalidad se dibuja en sus alcances sociales y significación política, buscando destacar hasta en sus más distantes, los rasgos más valiosos como ocurre con Laureano Gómez.  El peor librado es Olaya Herrera.  El más completo es el cuadro sobre Alberto Lleras.  Su elogio de Alfonso López no lo aparta de señalar sus distancias críticas.  Sorprende el equilibrio con que logra la estampa de Eduardo Santos.

La participación de Diego Montaña en el Concejo de Bogotá, en la Alcaldía (E) de la Capital son de empuje, batalla, buscando desatar las energías populares y caracterizar las tesis de izquierda en la política colombiana.  Igual significado tiene su representación diplomática en Chile.

Diego Montaña participó activamente en la gran huelga petrolera que paralizó toda Barrancabermeja y despertó la solidaridad nacional, entre el 27 de enero y el 23 de febrero de 1948.  El motivo del movimiento era impedir las maniobras de la Tropical Oil Company para evitar la reversión de la Concesión de Mares.  La huelga triunfante creó las bases para la nacionalización de la Concesión de Mares por la vía del cumplimiento de la reversión, y es autora social de la Ley 165 de 1948, que dio origen a la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol.  Tendrá actuación especial el 9 de abril de 1948, a la cabeza de la movilización popular.

En esta lucha nacionalista, lo volveremos a ver organizando la movilización por la reversión de la Concesión del Catatumbo dada a la Colombian Petroleum Company en 1961, y también organizando la huelga en todo el Norte de Santander en 1971, por la reversión de la Concesión Barco dada a la Colpet.  Reseño brevemente este periplo petrolero, en tanto en estas Memorias, su autor desafortunadamente no da cuenta, de esta rica cantera de experiencias y de su proyección a cabalidad.

Como marxista, Diego Montaña era un internacionalista.  El contexto de sus escritos siempre tiene como norte la situación internacional, especialmente la posición de Colombia frente a América Latina y los Estados Unidos.  Era un anti-imperialista y un consecuente patriota latinoamericano.

En su militancia internacional tiene preponderancia su participación en el Movimiento Mundial por la Paz, su asistencia a diversas conferencias internacionales.  De esta actuación queda su libro de 1953 Por los Caminos de la Paz.  De Pekín a Viena.

No le alcanzó el tiempo, dados sus múltiples compromisos políticos, para escribir sus recuerdos sobre capítulos sustanciales de la vida nacional en que tuvo participación de primer orden:  el 9 de abril, la lucha contra la violencia en los años cincuenta, la batalla contra la dictadura de Rojas Pinilla, su participación en el Frente Unido de Camilo Torres.  Su relación con las guerrillas, la dirección de la revolución  cubana, su participación en las Conferencias de la Tricontinental y la OLAS.  Su papel en movimientos y luchas de los últimos años.  Sobre estos asuntos escribió consideraciones en artículos y libros..

 
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* Comentario al libro Las Ideas Liberales en Colombia. Editorial Tercer Mundo. Bogotá  1974. Publicado en: Revista Libros. Gaceta de Información Bibliográfica. N° 7. Mayo-Junio 1978. pp. 16-17. En: Lecturas Colombianas, de Ricardo Sánchez.  Centro editorial Universidad del Valle. 1995.

[2] P. 57.

[3] P. 82

[4] P. 326.

[5] P. 327

[6] Pp. 107 – 109 – 110.

[7] P. 123.

* Comentario al libro Las Ideas Socialistas en Colombia. Editorial Tercer Mundo. Bogotá 1987. Publicado en: Revista de la Universidad Nacional N° 14-15 de 1987. EN: Perfiles Ideológicos en Colombia Siglo XX. Ricardo Sánchez. Universidad Nacional. Bogotá 1993.

[8] P. 50.

[9] P. 58.

[10] P. 60.

[11] P. 72.

[12] P. 93.

[13] P. 87.

[14] P. 113.

[15] P. 165.

[16] P. 183.

[17] Pp. 282 y 284.

* Prólogo al libro Memorias. Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 1996.

 
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